Hay músicos que tienen la capacidad de erizarte la piel por completo. Esos son los buenos. Y eso fue lo que pasó con todos los asistentes al concierto de Jorge Drexler, ayer por la noche. Luego de hacerse esperar por casi media horita -escuchando a Walter Ferguson- desfilaron en fila india y por en medio del escenario, una banda de músicos que dejaban escuchar ritmos ¿orientales?, la verdad no tengo la mínima idea -si alguien sabe, por favor haganmelo saber. Ya en el escenario fueron acompañados por el golpe de cajones peruanos. Esa fue la entrada de tan exquisito bufete de canciones que disfrutaríamos minutos después.Mabela Martínez sería la encargada de presentar al uruguayo que "más me ha impactado en los últimos 10 años", en sus propias palabras. Aplausos generales del respetable ante la aparición del cantautor, quien tomó su guitarra y se acomodo en la silla, listo para interpretar "12 segundos de oscuridad". Una luz sobrevoló la cabeza de los asistentes, imitando el faro de Cabo Polonio que inspiró a Drexler para componer la canción en cuestión. Drexler armó el repertorio con un pie en "Eco" y el otro en "12 segundos de oscuridad". "La vida es más compleja de lo que parece", "Polvo de estrellas", "High and dry", "Fusión", "La infidelidad en la era informática" y más, inundaron el Polideportivo.
Con mucho humor e ironía, Drexler pedía al público dejar las palmas que lo acompañaban en cada canción. Invitó amablemente a los asistentes a solo tronar los dedos. "No hay dedos que resistan los 3 minutos que dura la canción", dijo deslizando un mensaje claro: Yo toco, ustedes escuchen. Al parecer el mensaje no fue bien captado y los dedos tronadores -que debieron tronarles y luego explotar- siguieron a lo largo del concierto. Llegué a pensar que estábamos en el concierto de algún baladista hijo de vecino. Solo faltaban los encendedores o las velas y todos moviéndose de izquierda a derecha. A Drexler se le escucha y nada más. Para eso fui al concierto, para escucharlo a él y no a las chiquillas -y no tan chiquillas- que soltaban gallos por doquier. Drexler se metió el público al bolsillo cuando interpretó con maestría una canción de la gran Chabuca Granda.
A mitad del concierto, Drexler llamaría al escenario a Cotito -mayor exponente del cajón peruano- para juntos tocar "Tamborero" -del disco "Sea". Faltando 15 minutos para las 11 de la noche, la despedida era inevitable. Pero no. El público lo pidió a gritos y así fue que regresó por primera vez. Luego habría segunda y hasta tercera. "Esto es una locura", dijo Drexler al ver que la gente se había parado de sus asientos y corrido al borde del escenario. Excelente concierto y buena acogida. Podemos esperar tranquilos un próximo regreso. Gracias Drexler.
Apuntes finales:
Primero: A la próxima, traiga quien lo traiga, no lo hagan tocar en un escenario como el Polideportivo. Simplemente no era el lugar idóneo.
Segundo: La gente que pagó sus 60 soles y creo que hasta los de 120 debieron salir con alguna molestia. 5 minutos antes del inicio del concierto, los de zonas posteriores -sí, me incluyo- corrieron en manada hacia los asientos que quedaron libres, por delante del algunos inocentes que solo atinaron a ver.
Tercero: Drexler y su guitarra bastaron. Pero me gustaría escucharlo con la banda completa. Será para la próxima.
Cuarto: Tenía un dilema: Drexler o el partido de Perú. El partido de Perú o Drexler. Elegí bien, no?
Quinto: ¿Qué por qué no hay fotos del concierto en el blog? Me olvidé de cargar mi camarita. También será para la próxima.
Sexto: Las dos horas quedaron cortísimas. Me quedé con las ganas de escuchar "Princesa Bakana", "La Edad del cielo", "Corazón de cristal", "El otro engranaje", "Quien quiera que seas", etc, etc, etc.
Séptimo: Para los que ya se cansaron de leer sobre Drexler en este blog, buenas noticias: Ya no lo haré...salvo exista algo de sumo interés -para mi, claro está jejeje.

